Palpiten faltas y envidos en este truco los giles: nadie tiene más abriles que los que lleva vividos y nunca los años idos deschavan al que vendrá.
No hay púa que manye acá lo que le habrá de ocurrir; a veces el porvenir piantó al otro barrio ya. Debo batir a conciencia que te amasijan al par el no saber chamuyar y el sobrar en elocuencia.
¡Gran balurdo la experiencia! Dos por tres me pone chivo el junar que lo que ortivo no es fruto de lo que sé sino de lo que sabré cuando deje de estar vivo. (...) Me enseñó que la cuestión se define por derecha.
Al tajo no le aprovecha el ser hijo de un facón. Pintan calva a la ocasión y escurridiza a la luca pero, calva o con peluca, sin la ayuda de algún otro, la copa el taura que es potro si hace patancha y retruca.
Me enseñó que al Cielo van los piolas, no los creyentes: si vos te ponés los dientes Dios no te tira más pan. Nunca termina un gotán quien se duerme en la sentada.
Si marcas el 8 y … ¡nada!, ensayá con la corrida, que la milonga es movida y recién está empezada. Me enseñó sotas que bato y ases que escondo en la manga. En fin… una linda tanga como pa’ pasar el rato.
La vida me dio un barato y aprovecharlo he sabido. Me voy del mundo vestido con mi pilcha de experiencia. ¿Qué dejo aquí? En mi creencia, palabras: polvo y olvido.
Como en general, resulta muy conocido: Porteño es el gentilicio correspondiente a los oriundos de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires (CABA), capital de la República Argentina. No
debe confundirse con el gentilicio «bonaerense», que está reservado
exclusivamente a los habitantes de la Provincia de Buenos Aires y no es
utilizado para designar a los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires. Es decir el porteño no es bonaerense ni el bonaerense es
porteño.
El tango es porteño al mango, nació en la ciudad de Buenos Aires y desde allí extendió sus raíces por todas las provincias y luego por América y Europa. Además, los porteños lucimos con orgullo nuestra procedencia, algo también común con otros orígenes. Hay muchas cosas que nos identifican, y entre ellas cuando bailamos el tango, el vals y la milonga, en distintos lugares del mundo.
El porteñito fue compuesto por Jorge Villoldo en 1903 y podemos dar fe de que aún se mantiene en las pistas de baile por la polenta que atesora. En 1928 lo grabó la Típica Víctor y le sucedieron varias orquestas que lo interpretaron y lo llevaron al disco. En 2005 la Orquesta Típica Silencio lo grabaron con el título "El Porteñito Tropical", dándole, precisamente, un aire de trópico...
Reynaldo Yiso y Leo Lipesker crearon esta milonga en 1959, que también entró fuerte en los bailes y en los cuores de la muchachada tanguera. La titularon "La porteñita" y pese a tratarse de una época en que el tango estaba de capa caída, las milongueras porteñas se sintieron "tocadas" y le dieron realce y la lucieron con arte en las milongas de entonces.
La orquesta de Fulvio Salamanca, que estaba de moda en esos años, lo grabó con la voz de su cantor Armando Guerrico y también se podía escuchar en las distintas emisoras que tenían programas de tango. Y así quedamos empatados los porteños y las porteñas, cada uno con su tema, para lucirlo en todas partes como un agasajo del tango hacia los milongueros y milongueras...
Juan D'Arienzo grabó con su orquesta "El Porteñito", en tiempo de tango, en forma instrumental. Ángel D'Agostino con su cantor Ángel Vargas, lo grabaron en tiempo de milonga, el 3 de marzo de 1943. Esta versión de la consagrada dupla la podemos escuchar acá.
Y también podemos disfrutar de la interpretación de Fulvio Salamanca con Armando Guerrico interpretando la milonga "La porteñita". La grabaron el 20 de diciembre de 1959.
En 1925, o sea hace un poquito más de cien años, Enrique Cadícamo debutaba en el tango como poeta, con este tango que musicalizaría el pianista Roberto Emilio Goyeneche. Lamentablemente, el 22 de abril de dicho año, fallecería tempranamente el citado músico que en 1922 viajó a España con la compañía teatral Muiño-Alippi.
Integraría luego la orquesta de Julio De Caro y dirigió la propia con Laurenz y Pollet en bandoneones, Germino y Marchiano en violines y él al piano. Compuso varios temas como El metejón, Yo te perdono, Roló, que te vaya bien, De mi barrio, Milonga, porque llorás, Albertito, Sin amor, Princeiata y éste que recuerdo ahora y que lleva versos de Enrique Cadícamo.
Roberto Emilio Goyeneche
Carlos Gardel lo grabó el año de la creación, con su guitarrista José Ricardo y lo volvería a llevar al disco dos años más tarde, acompañado por Ricardo y Barbieri en guitarras. Y el tema no se iría destiñendo con los años porque fue interpretado por muchos cantantes y también estuvo en el repertorio de orquestas típicas.
Cadícamo en su libro "Mis memorias", recuerda: "La noche de la ciudad me había presentado a algunos músicos de orquestas típicas. Roberto Goyeneche actuaba en "Café Iglesias" de la calle Corrientes al 1500. Era un excelente pianista que ya tenía en su haber algunas composiciones que, si bien no habían llegado a popularizarse, eran conocidas.
A pesar de hallarse sobrellevando una penosa enfermedad, era dinámico y de carácter divertido. De tanto frecuentar aquel café donde yo concurría para escuchar exclusivamente a su orquesta, nos hicimos amigos. Recuerdo a algunos de sus integrantes: Pedro Laurenz, Germino y Berstein . Con Goyeneche hice mi primera obra utilizando aquellos versos titulados "Pompas de jabón"...
Los versos muestras la cara oscura de las noches alegres disfrutando de una juventud que para la protagonista está llena de sueños interminables. Y Cadícamo le vaticina un final triste, propio de aquellas que piensan que la vida es un camino permanente de felicidad y que las madrugadas se llenarán siempre de mieles y regalos. Las relucientes pompas de jabón se difuminarán al primer soplido.
Pebeta de mi barrio, papa, papusa, Que andas paseando en auto con un bacán, Que te has cortado el pelo como se usa, Y que te lo has teñido color champán. Que en los peringundines de frac. y fuelle Bailas luciendo cortes de cotillón Y que a las milongueras, por darles dique, Al irte con tu "camba", batís "allón".
Hoy tus pocas primaveras Te hacen soñar en la vida Y en la ronda pervertida Del nocturno jarandón, Pensás en aristocracias Y derrochas tus abriles... Pobre mina, que entre giles, Te sentís Mimí Pinsón.
Pensá, pobre pebeta, papa, papusa, Que tu belleza un día se esfumará, Y que como todas las flores que se marchitan Tus locas ilusiones se morirán. El "mishé" que te mima con sus morlacos El día menos pensado se aburrirá Y entonces como tantas flores de fango, Irás por esas calles a mendigar...
Triunfas porque sos apenas Embrión de carne cansada Y porque tu carcajada Es dulce modulación. Cuando implacables, los años, Te inyecten sus amarguras... Ya verás que tus locuras Fueron pompas de jabón.
Escuchamos al polaco Goyeneche interpretando magistralmente este tango. Lo acompaña la orquesta de Baffa-Berlingieri que también se luce musicalmente.
El valsecito criollo forma un terceto maravilloso junto al tango y la milonga, todos surgidos del tronco tanguero que les dio alas a sus compañeros musicales gracias a las virtudes de compositores, poetas e intérpretes. En la pista de baile el valsecito nos toca el cuore y nos llama a bailarlo y a disfrutarlo de manera distinta, pero siempre con la emoción que muchas veces nos desborda en los giros.
Las voces históricas de Gardel, Magaldi y Corsini lo consagraron y Gardel ya debutaba con tres valses criollos: Aurora, Ay Elena y Como quiere la madre a sus hijos, en 1919. La grabación que Roberto Firpo realizara en 1920 del vals "Desde el alma", sirvió de señal de partida para que numerosos compositores se dieran a la tarea de crear valsecitos y las orquestas típicas y cantantes los incorporaran de inmediato a sus repertorios.
"Cuando miran tus ojos" es una creación de Enrique Cadícamo y el guitarrista José María Aguilar. Lo compusieron en 1932 y aunque no ha tenido demasiadas interpretaciones, hay algunas que nos permiten apreciar los abalorios verbales y la música que los acompaña. Ese mismo año lo grabó la orquesta de Adolfo Carabelli con su cantor Luis Díaz, el día 5 de junio.
Cadícamo arranca posándose en los ojos de la mujer que, en la poesía, se los dejó grabados para siempre, como una luz atrapante en sus pupilas, según su narración. Además les da un vuelo notable en la nostalgia ardida y lo lleva a derramar palabras poéticas que desfloran los versos. Cualquiera de las cuartetas tiene frases que guionan el pensamiento, ante los senderos que se bifurcan.
Tus ojos han quedado
grabados en los míos, sus dulces brujerías
volcaron al mirar, hay luz en tus
pupilas de todos los estíos, lucero que en mis
noches los veo parpadear.
Heraldos de
pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que
llevan la llama del amor... Tesoros custodiados
por sedosas pestañas... teorías impregnadas
de ensueño arrobador.
¿Gitanos son acaso
por sus destellos, dime? ¿O son los de una
mora presa del español? Es algo tu mirada
que mata o que redime, que hiere si se mira
corno encandila el sol...
Puñales que en las
luchas se yerguen iracundos buscando al pobre
pecho con ansias de clavar. Ensartan corazones,
los dejan moribundos... ¡Ah!... Espejos
donde el alma se asoma a coquetear.
Si entornan sus
pupilas, la luz que los anima se pierde entre los
astros y la constelación adquiere nuevos
brillos... Aunque mi pecho gima por verlos siempre
abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van
contando las horas venturosas que pasan a mi lado
rimando una canción, sus párpados
abiertos son pétalos de rosas que ofrecen dos
luceros a mi desolación.
Este valsecito lo grabó Charlo con guitarras el 21 de marzo de 1932. Adolfo Carabelli con su orquesta, cantando Luis Díaz, lo llevó al disco 5 de junio de 1932. Raúl Iriarte lo llevó al disco acompañado por la orquesta de Armando Lacava. Entre otros, también lo grabó el destacado folklorista Horacio Guarany.
Escuchamos la versión de Raúl Iriarte con la orquesta de Raúl Lacava.
Y a Los Solistas de D'Arienzo con Alberto Echagüe y Osvaldo Ramos, grabado en 1972.
Porteño de ley, nacido en la calle Gallo, el 15 de julio de 1916, con apenas 3 años veía a su padre castigar el piano y se enamoró del instrumento. Sus primeros estudios musicales los desarrolló en la modesta academia del maestro Luppo, en el barrio de Caballito. A los 13 ya era un aventajado alumno del Conservatorio Municipal y consumado intérprete de Bach, Beethoven, Ravel, Debussy y Chopin.
En su casa escaseaban los recursos y a los 14 tuvo que salir a pelearla con sus manos fugitivas, tocando en orquestinas, casamientos, como organista de Iglesia y solista en las matinées de un cine en Villa del Parque. Cuando se sentó en ese taburete del cine Universal, Salgán ya había frecuentado la fuga, la armonía y el contrapunto.
Pero lo exaltaban otras músicas más íntimas, como a Borges, y el tango lo estaba llamando. Lo portaba en sus genes como una revelación epifánica, aunque antes fue folklorista acompañando al dúo Martínez-Ledesma, sucediendo a dos antecesores de lujo: El Mono Enrique Villegas y Carlos García. También tocó música tropical junto a Angel Riera. A fines del 2000 recordaba:
"Yo me crié en el tango. Cuando era chico, cuando era joven, se tocaba tango como cosa principal, sin perjuicio de que hubiese otros géneros como los valses y los pasodobles. Pero el tango era la música nuestra y estaba a todas horas y en todos lados...".
Elvino Vardaro primero y Juan Caló luego, lo llaman a formar en las filas tangueras fugazmente. El legendario Roberto Firpo cambia el piano de su orquesta por la batuta y contrata a Salgán para el teclado. Ya había secundado a diversos cantantes en emisoras, era organista fijo en Radio El Mundo, estudió y se familiarizó con el contrabajo y saxofón, perfeccionándose en piano con Scaramuzza, Spivak y Amelia Weigand.
De 1936 -tenía 20 años- es su primer arreglo musical para la orquesta de Miguel Caló: el tango "Los Indios", de Francisco Canaro. Fue incluso una de las primeras orquestaciones, porque entonces, salvo excepciones, no se arreglaba. se estilaba que los segundos violines y bandoneones pusieran unas voces paralelas a los primeros.
Pero su primer tango -"Del uno al 5"-, compuesto dos años antes, ya le había dado chapa de tanguero de ley. A los diez años de edad vio sobre el escenario al sexteto de Julio De Caro y su sueño dorado de emular a aquel ejemplar conjunto, lo cumplió en 1944, cuando armó su propia orquesta que debutaría en el estrechísimo palco de la Confitería Diamante, en Rivadavia y Castelli.
Las motivaciones que lo empujaban a formar su conjunto las definiría así: "En ese entonces actuaban muchas orquestas típicas, pero ninguna expresaba el tango como a mí me gustaba. Es posible que parte de esa diferenciación de sensibilidades tenga este origen: Dos o tres generaciones atrás, probablemente mis bisabuelos, fueron negros. Tal vez de ahí viene mi manera de sentir y de tocar las síncopas, por ejemplo".
Podemos escuchar a Horacio Salgán con la orquesta Filiberto interpretando su tango: "A fuego lento":
Terig Tucci fue un notable músico argentino que acompañó con su orquesta a Carlos Gardel en las películas que filmó en Nueva York. También le transcribió al papel la música que creaba Carlos, y relataba así el nacimiento del ahora popularísimo: "Por una cabeza":
-"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción: -¡Ché viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango "Por una cabeza". Y procedió a cantármela ipso facto.
No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de mi inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije. Algo amoscado Gardel me contestó con fina ironía: -Mirá, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas, pero no te metás conmigo en asuntos de matungos.
Alberto Castellanos, Terig Tucci, Gardel y Pettorossi. Me causó gracia la comparación beethooveniana y comprendí que nadie como él -carrerista de caballos empedernido y dueño de un dispendioso stud- podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento por verlo flaquear en el momento mismo en que un esfuerzo supremo lo hubiese colocado en la categoría de ganador".
Como rezan los versos de Alfredo Le Pera para el tango que mezcla el amor y las carreras de caballos, musicalizado por Carlos Gardel:
Por una cabeza, de un noble potrillo Que justo en la raya, afloja al llegar Y que al regresar, parece decir No olvides, hermano Vos sabes, no hay que jugar Por una cabeza, metejón de un día De aquella coqueta y risueña mujer Que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo Quema en una hoguera Todo mi querer
Por una cabeza, todas las locuras Su boca que besa Borra la tristeza Calma la amargura Por una cabeza Si ella me olvida Qué importa perderme Mil veces la vida Para qué vivir
Cuántos desengaños, por una cabeza Yo juré mil veces no vuelvo a insistir Pero si un mirar me hiere al pasar Su boca de fuego Otra vez quiero besar Basta de carreras, se acabo la timba Un final reñido ya no vuelvo a ver Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo Yo me juego entero Qué le voy a hacer
Por una cabeza, todas las locuras Su boca que besa Borra la tristeza Calma la amargura Por una cabeza Si ella me olvida Qué importa perderme Mil veces la vida ¡Para qué vivir...!
La versión de Carlos Gardel es insuperable. Lo cantó en la película "Tango Bar", su película póstuma. Fue estrenada el 5 de julio de 1935, en Nueva York, pocos días después del accidente que le costó la vida. En Buenos Aires el estreno fue el 22 de agosto de 1935.
La letra es de Leopoldo Díaz Vélez y la música de Tito Ribero (Alberto Amado Ribero). La milonga y yo fue concebida a pedido de Tita Merello, que la cantaría en la película Esto es alegría. dirigida
por Enrique Carreras y estrenada en 1968. Tito Ribero le puso música.
El propio Leopoldo Díaz la cantaba con la orquesta de Armando Pontier en
los bailes de Carnaval del Centro Lucense, en 1980.
Y es un tema más de Díaz Vélez dedicado al sitio donde se milonguea a
tope. Algunas de sus creaciones que versan sobre el tema y que muestran
su sensación al respecto, creo que quedan perfectamente claras: Muchachos,
comienza la ronda, En el salón, A bailar el tango, Salimos a bailar,
Mil novecientos diez, Muchachos se armó la milonga.
La grabó Tita Merello, acompañada por la orquesta de Carlos Figari, en 1968.